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¿Quieres conocer Dilemas?

¿Qué es lo que más quieres en el mundo?


Esta pregunta que tanta tinta ha hecho correr en numerosas ocasiones y que en no menos contadas tertulias ha sido el jocoso objeto de debate se ha quedado sin respuesta en todo momento, compensando esa laguna del conocimiento con ingenuas y espontáneas respuestas para salir del paso, ocultando nuestra sorpresa por tan incómoda situación o sencillamente para aportar un toque humorístico a una pregunta que nos delata y denuncia nuestro desconocimiento de lo que amamos realmente.

Lo que sí es cierto es que hay objetos que amamos más que a otros y nos cuidamos siempre de tenerlos a buen recaudo, lejos de las miradas codiciosas y para lo cual no dudaremos en usar todos los recursos a nuestro alcance para preservar de los codiciosos nuestros bienes más preciados poniéndolos a salvo de sus intentos de arrebatárnoslos.


HISTORIA

Desde el origen de los tiempos solemos utilizar muchas formas de proteger nuestros bienes (materiales, intelectuales o información reservada, datos personales, etc…)

Los sistemas de protección tienen como propósito poner dificultades a aquellos que quisieran apropiarse de algo nuestro y usamos una muy surtida serie de sistemas para evitar que nuestras pertenencias protegidas pasen a otras manos o sean conocidas y divulgadas.

El sistema de protección más común es cerrar la puerta de un local con una llave de cerradura y guardar en el interior de la dependencia el objeto a proteger que a su vez puede estar encerrado en un baúl u otro mueble más consistente –cofre- también cerrado con otra llave.

Estas protecciones solían frenar los impulsos de los amantes de lo ajeno y más aún si acompañábamos estas medidas con la presencia de algunos mastines bien adiestrados.

No resultando demasiado eficaz todas estas medidas (los cacos aprenden mucho y muy rápido) se fueron añadiendo candados a las puertas y baúles para ofrecer mayor protección a nuestros bienes.

Lo que sí está claro es que cada día tenemos más cosas que proteger y cada vez hay más gente empecinada en querer apropiarse de ellas.

El avance en seguridad ha sido tan tremendo que hoy en día ya disponemos de “llaves” tele-biométricas que identifican al individuo pero aun así no logramos poner a salvo nuestros más preciados bienes.


DILEMAS

La idea surge al constatar que las claves que nos obligan a introducir los webmasters para entrar en sus portales o las que nos exigen para las redes sociales son cada vez más complejas y largas.

Hay lugares en los que ponen incluso condiciones para las claves; que no se repitan letras, que haya mayúsculas y minúsculas, que contengan números y letras, que sean más largas de 8 dígitos (las he visto que exigen 12 dígitos).

 

En fin, que las claves son cada vez más complejas de recordar y más enormes en cantidad de dígitos pero ello no disminuye los ataques a las webs ni los robos de datos.

Entonces me dije que se puede encontrar un sistema de clave muy corta (de 2 a 6 dígitos) muy fácil de memorizar (solamente números) pero que sin embargo nos protege más que la más sofisticada de las claves de 512 dígitos  (que las hay)

Empecé a pensar distinto y acabé encontrando una solución que teníamos delante de nosotros; solamente trabajar en 3 dimensiones y asunto resuelto como demuestro a continuación.

Logrando colocar las claves en un espacio tridimensional podemos elevar al cubo en probabilidades de combinaciones cualquier clave ya existente además de añadir un ingrediente indispensable que anula por completo al mejor de los rastreadores de claves.

 

Más adelante veremos que con solo cuatro dígitos y usando solo números conseguimos una clave infranqueable.



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